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La profecía y el misterio del corazón de Alúa

Leyenda de Alúa

Leyenda de Alúa

Mucho antes de la colonización, cuando el tiempo se medía por los ciclos de la naturaleza, una niña corría libremente por las costas de la Gran Miní (hoy Laguna Merín). En las noches de luna llena tenía visiones de un tiempo por venir: «Hombres con la muerte en los ojos vienen desde el mar; no tienen madres, ni hermanas, ni hijas. La transmutación guardará las esencias», repetía una y otra vez. Sus gritos resonaban en el alma de la aldea, hasta que su madre la llevó ante su abuela, sacerdotisa del templo de un solo Dios, donde fue iniciada en los ritos antiguos de quienes ven el futuro.

La niña inocente decide, en el sueño de las iniciadas, el destino de aquella nación al elegir un símbolo de manos de la gran madre: el corazón de piedra. Su corazón humano entiende entonces los alcances del amor cuando el sabio de la tribu le entrega aquel objeto. Corre hacia La Oulmá (hoy Laguna Negra) a preguntarle al guardián de las historias qué significa. «Toda mujer que esté frente a él tendrá el encuentro de los encuentros —dijo el guardián—, pero fuerzas oscuras tratarán de arrebatártelo. ¡Huye!».

La niña corrió entre pajonales y espinas, por lo que hoy se conoce como el Camino de Alúa, en la Fortaleza de Santa Teresa, Rocha, hasta que fue alcanzada y asesinada. Dentro de su pecho encontraron dos corazones: una manifestación mística —o acaso biológica— de su profunda capacidad de amar, que marcó el inicio de la profecía. La promesa de una futura restauración para estas tierras: «el día que el corazón vuelva a ser puesto en su lugar».


Cada leyenda es una semilla de la restauración.

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