Enlazada a la historia de Alúa aparece la figura del Oyak, guardián del Libro de los Milenios y encargado de resguardar el testimonio físico de esta historia hasta que llegara el momento de entregarlo. El Oyak conocía el secreto para ablandar las piedras: fue él quien abrió la roca con sus manos, como si fuera pan, y depositó allí el misterioso objeto que siglos más tarde sería descubierto para dejar de ser un mito.
En un cerro cercano a donde se levantó la Fortaleza de Santa Teresa, este objeto fue encontrado en el año 1929 por el Dr. Baltasar Brum y el historiador Horacio Arredondo. Un corazón de piedra que existió, que existe, y que unió para siempre la arqueología de nuestro departamento con el legado místico de nuestros antepasados.